Un ataúd de velación es una pieza de carpintería con tolerancias estrechas: la tapa tiene que asentar sin luz, el interior tiene que quedar tenso y la madera no puede moverse después de salir de la planta. Este es el proceso que seguimos en nuestra planta de Michoacán, de la tabla al empaque.
1. Selección y secado de la madera
Todo el material pasa por secado antes de entrar a producción. El contenido de humedad es lo que determina si una pieza se mantiene estable: una tabla que entra húmeda al ensamble termina abriendo juntas semanas después, ya en la agencia. Las líneas altas se fabrican en madera maciza; de línea Estándar hacia abajo se combinan macizo y MDF según el modelo.
2. Ensamble, medidas y estructura
El cuerpo se arma sobre medidas estándar de mercado, con refuerzos internos en el fondo y en los costados para que la pieza soporte el manejo y el traslado. Cada modelo tiene su perfil —recto, ovalado, de tapa partida— y de ahí depende el trazo de las piezas y el tipo de unión.
3. Interiores y herrajes
El interior se corta, se cose y se monta en la propia planta. Según la línea se usa velvet, tafeta o tela lisa, con almohada y faldón a juego. Los herrajes —manijas, bisagras, esquineros— se definen por línea y se colocan con plantilla para que queden a escuadra en todas las piezas del lote.
4. Acabado y control de calidad
El acabado se aplica por capas con lijado intermedio; ese paso es el que define el color final y la uniformidad entre unidades del mismo pedido. Antes de empacar se revisa asiento de tapa, funcionamiento de bisagras, tensión del interior y tono contra la muestra de la línea.
Consistencia entre lotes
Para una agencia funeraria, la diferencia entre un proveedor y otro rara vez está en una sola pieza: está en si el modelo que compró hace seis meses sigue llegando igual. Por eso la muestra de color, las medidas y los herrajes de cada línea están fijados y documentados.